BYD ya no es «la marca china que está llegando». En Colombia es la marca que ya llegó, que ya ensambla, que ya rueda, y que ahora tiene los números para demostrarlo: 96% de los buses eléctricos del país llevan su sello, y en Bogotá esa cifra sube al 99%. No es un mercado emergente: es una dependencia estructural.
La cifra que lo dice todo: 1.560 de 1.600 buses
Hablar de electromovilidad en Colombia, a estas alturas, es hablar de BYD. No porque sea un ejercicio de marketing, sino porque los números no dejan margen para matices. De los más de 1.600 buses eléctricos que circulan hoy por el territorio nacional, 1.560 salieron de las líneas de producción de la marca china. Ese es el 96% del parque automotor eléctrico de transporte público del país. En Bogotá, la concentración es aún más aguda: 1.473 de 1.486 buses son BYD. El 99%.
Y uno se pregunta: ¿cómo llegó una marca china, que hasta hace pocos años era prácticamente desconocida por fuera de Asia, a dominar un sector tan estratégico como el transporte público de la capital colombiana? La respuesta está en una combinación que pocas marcas occidentales han estado dispuestas a replicar: fabricar tecnología global con manos locales.
El modelo BYD: carrozar en Colombia, no solo importar
Aquí es donde está la diferencia que explica la hegemonía. A diferencia de otros fabricantes que traen la unidad lista desde fábrica y la descargan en el puerto, BYD ensambla y carroza cada vehículo en el país. El chasis llega, sí. Pero la carrocería, la integración final, la adaptación a la geografía colombiana, eso se hace con profesionales de la industria local.
Fabian La Rotta, Gerente de Proyectos de BYD Motor Colombia, lo resume sin rodeos: «En BYD no solo fabricamos buses, impulsamos el futuro del transporte desde Colombia. Con manos colombianas, tecnología global y una visión compartida, estamos moviendo al país hacia un modelo de movilidad más limpio, eficiente y sostenible».
¿Marketing corporativo? Puede ser. Pero el dato duro está detrás: empleo directo, transferencia de conocimiento y una cadena de valor que ha convertido a Colombia en un pivote regional. Desde aquí, BYD ha proyectado su expansión a Perú y Ecuador, mercados con condiciones topográficas similares. Bogotá, con sus 2.640 metros de altura y sus pendientes del norte al sur, se convirtió —sin que muchos lo noten— en el laboratorio latinoamericano de la marca.
Proyecto 470: la flota que cambió el paisaje sonoro de Bogotá
Si usted camina por una troncal de TransMilenio o por un corredor alimentador en Bogotá y nota que los buses ya no rugen, que no hay humo negro saliendo del exhosto, que el barrio simplemente está más silencioso, sepa que ahí hay un BYD. El Proyecto 470 buses Bogotá es uno de los despliegues más grandes de electromovilidad pública en América Latina, y explica buena parte de por qué la capital lidera las estadísticas.
Cada unidad retirada del servicio con motor diésel significa menos material particulado en el aire que respiran los niños camino al colegio. Significa menos ruido en barrios que por décadas convivieron con el paso de buses destartalados. Y significa, en el largo plazo, una factura de combustible que no depende del precio del barril de Brent.
La tecnología que viene: carburo de silicio y batería Blade
BYD ya anunció que la siguiente fase de su despliegue en Colombia incluye dos tecnologías clave que vale la pena entender. La primera es un controlador electrónico fabricado en carburo de silicio, un material que permite gestionar la energía con menos pérdidas térmicas y mejor eficiencia que el silicio tradicional. Traducción para el día a día: más kilómetros por kilovatio-hora, menos desgaste de componentes, menos visitas al taller.
La segunda es la batería Blade, la apuesta patentada de BYD que usa química LFP (litio-hierro-fosfato) en formato de celdas alargadas. Menos propensa a los problemas térmicos que las celdas NMC convencionales, más estable, y con una vida útil que promete superar los ciclos de carga habituales. En un país donde el clima, la topografía y la calidad de la red eléctrica ponen exigencias reales, esa estabilidad no es un lujo, es un requisito.
La marca todavía no ha revelado todos los detalles del nuevo modelo que llegará en fase de evaluación. Lo que sí confirmó es que será desplegado en una ciudad seleccionada por su alta demanda de transporte público y complejidad operativa. Bogotá, Medellín, Cali: los candidatos obvios. El anuncio formal tendría que venir pronto.
La meta 2035: todos los buses nuevos de cero emisiones
Todo esto, conviene recordarlo, no ocurre en un vacío regulatorio. El gobierno colombiano tiene una hoja de ruta concreta: reducir 9,4 millones de toneladas de CO₂ entre 2024 y 2030, y un decreto que establece que a partir de 2035 todos los buses nuevos que ingresen al sistema de transporte público deberán ser de cero emisiones.
Diez años. Una década para reemplazar las flotas de Barranquilla, Cartagena, Bucaramanga, Pereira, Ibagué, Cúcuta y Santa Marta. Es una ventana comercial monumental, y BYD llegó primero, con infraestructura de ensamblaje instalada, con postventa afinada, con relaciones de confianza ya tejidas con los operadores. ¿Qué tendría que pasar para que una marca europea o norteamericana desplace a BYD de esa posición? No será fácil, y todo el mundo lo sabe.
El punto ciego: ¿y los carros particulares?
Aquí viene la pregunta incómoda. BYD domina el segmento de buses eléctricos en Colombia, pero el mercado de automóviles particulares eléctricos sigue siendo una historia distinta. La marca tiene presencia con modelos como el Dolphin, el Atto 3 y el Song Plus, pero el consumidor colombiano promedio todavía no encuentra en un BYD particular el mismo nivel de confianza que en una Toyota, una Renault o una Chevrolet.
La infraestructura de carga pública en Bogotá sigue siendo limitada. Los tiempos de carga en conectores lentos siguen siendo un problema para quien vive en conjunto residencial sin wallbox. Y el soporte posventa, aunque BYD lo destaca como diferencial en buses, todavía tiene camino por recorrer en el segmento automotor masivo. El puente entre «la marca que mueve Bogotá» y «la marca en la que todo colombiano confía para su carro familiar» aún no está completamente construido.
Lo que significa para el comprador colombiano
Si usted está pensando en un carro eléctrico en 2026, BYD va a aparecer inevitablemente en su lista. Los precios de entrada son agresivos frente a las opciones europeas, la autonomía es competitiva y la red de servicio oficial ya existe en Bogotá y Medellín. La duda legítima es sobre el valor de reventa a cinco o siete años, una variable que todavía no tiene suficiente historial en Colombia.
Como siempre, la recomendación es simple: no compre un eléctrico por moda, cómprelo cuando las cuentas le den. Y si va por un usado, asegúrese de que un técnico especializado revise la salud real de la batería, el estado del sistema de alta tensión y el historial de actualizaciones de software. Un peritaje serio antes de firmar puede ahorrarle problemas que ningún descuento compensa.
Fuentes consultadas
- BYD Colombia — «BYD domina la movilidad eléctrica en Colombia y el 96% de los buses eléctricos del país llevan su sello» (23 de mayo de 2025)
- Declaraciones de Fabian La Rotta, Gerente de Proyectos de BYD Motor Colombia.
- Centro de noticias BYD Global: bydglobal.com/co/news.
Imagen: flota del Proyecto 470 buses eléctricos BYD para Bogotá. Foto: BYD Motor Colombia / BYD Global. Uso editorial.




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